jueves, 11 de diciembre de 2008

LAS ARAÑAS Y LA NAVIDAD

La familia se ha preparado para la celebración de la Navidad. Hace días que empezaron a transformar una parte del comedor. En el rincón, un abeto, está adornado con pequeñas luces de colores y bolas brillantes. En lo más alto luce una estrella. Al pie del abeto, sobre una mesita, el portal de Belén. María contempla a Jesús y José saluda a un pastor que se acerca con una oveja.
Al fondo, el buey y la mula observan la escena. Esta noche es Nochebuena. Antes de irse a la cama, los padres, los abuelos y los pequeños cantan villancicos al Niño y luego… a dormir. Poco a poco la casa queda en silencio. Las lucecitas del árbol dan una luz muy tenue, pero suficiente para iluminar a otros personajes que también quieren ver al Niño.

Llega la señora gata con sus gatitos y dejan un cascabel a la entrada del portal. El canario ha conseguido salir de su jaula y le canta al Niño una dulce canción. También se acercan el señor perro con un ovillo de lana y la señora tortuga con una flor silvestre. Detrás de ella aparece una familia de arañas; se acercan despacio, no parece que traigan nada. Saludan y luego empiezan a trepar por las ramas del abeto. A su paso van dejando un hilo gris con el que van formando una tela… Todos miran, entre burlones y enfadados, cómo crece la tela de araña.

¡A quién se le ocurre traer un presente tan feo! El Niño sonríe. Está contento. Todos le han ofrecido lo mejor que tenían. Todos. Incluso las arañas. Levanta sus manitas y las bendice. ¡Qué maravilla! Los hilos grises se tornan plateados, brillantes. Han pasado muchos, muchos años y las arañas continúan tejiendo sus telas de hilo gris, pero desde aquel lejano día, los hilos plateados del árbol de Navidad recuerdan que el mejor regalo es el de quien ofrece lo que tiene y lo da con amor y sencillez.
(Adaptado de un cuento popular alemán)

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