miércoles, 10 de diciembre de 2008

El arbol con estrellitas

Aquella noche reinó mucha alegría, tanto en el cielo como en la tierra, porque había nacido el Niño Jesús.Cerca de la cueva del pesebre crecían una palmera, un abeto y un olivo.Y estos árboles vieron que los pastores venían a la cueva con regalos que ofrecían al recién nacido.Asimismo, la gente del pueblo se vestía de fiesta y subía al pesebre portando sendos obsequios.La palmera dijo a sus árboles vecinos.
- Yo le llevaré la palma más grande que tengo y la colocaré sobre la cuna para que abanique suavemente al Niño.- Yo le daré el aceite de mis frutos para ungir sus piececitos- dijo el olivo.
El abeto nada dijo, porque no tenía qué ofrecer al Niño: La palmera, un poco imprudente, le preguntó:
- ¿Y tú no le das nada?- ¿Qué puedo ofrecerle yo?- dijo el abeto.- ¡Ah, claro! -dijo la palmera-. Tú no puedes darle nada. Le pincharías con las agujas sus deditos y haría llorar al Niño.
El abeto, desconsolado, se puso a llorar y sus lágrimas de resina caían al suelo.Pero un angelito que vio y escuchó todo, se compadeció del pobre abeto y, buscando a otro compañero celestial, le dijo:
- Este arbolito está triste porque no tiene nada que dar al Niño. Posee buen corazón y mucha voluntad, y debemos ayudarlo.
Los dos angelitos subieron al cielo y fueron encendiendo una a una todas las estrellas de diciembre, y el cielo parecía una infinita pradera de blancas margaritas…
- Tenemos que llevar las estrellas más bonitas para que las vea el Niño y sonría -dijeron los ángeles.
Y, diciendo y haciendo, los dos angelitos fueron tomando mil estrellas rutilantes y bajaron a colocarlas en las tristes ramas del abeto.
- ¿Ves qué bonito ha quedado el árbol? -dijo un angelito al otro.
El abeto sonrió de gratitud y felicidad. Y, radiante de luz y de dicha, fue avanzando muy despacito, muy despacito, para evitar que se le cayera alguna estrellita, y se puso a la puerta de la cueva.Los azules ojitos del Niño bailaron de alegría al admirar aquel árbol resplandeciente de luces estelares.Luego, sonrió, y esta dulce sonrisa del Niño Dios fue el mejor premio para el humilde abeto.Y, desde entonces, las piadosas gentes adornan al abeto en Nochebuena con estrellitas que resplandecen iluminadas por bombillitas multicolores…

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